sábado 26 de enero de 2008

Más remedios caseros: El aceite de ricino

Dentro de la lista de remedios caseros que tuve que padecer, uno de los más desagradables -es que era realmente repugnante- ha sido el temible aceite de ricino.

A lo largo de mi vida, hasta los 13 años aproximadamente, el aceite de ricino formó parte del rito anual de la vuelta al cole. Así como cada año se compraban los útiles escolares, se hacía el uniforme, se compraban los zapatos y se acababa la playita, aparecía sobre el repostero de la cocina de mi casa, el odiado frasquito de aceite de ricino. Si hasta parece que lo tengo delante: color oscuro, con tapita de plástico,
con una etiqueta que exhumaba grasa, daba asco hasta cogerlo.

La rutina de su ingesta era siempre la misma: Mi vieja, unos días antes del 1 de Abril -fecha que empezaba el colegio casi siempre en Perú-, a golpe de las 6:00 AM, entraba a mi habitación llevando una bandeja con azúcar blanca, una cuchara sopera, un vaso de zumo de naranja caliente (vete a saber porqué tenía que estar a esa temperatura) y el frasquito de marras, (echando vapor porque había estado en baño maría minutos antes, para que se pusiera en estado líquido y manipulable).

-Ya hijito, ya...despierta y abre la boca que se enfría…


Así, con ventaja y alevosía. Recuerdo que estas palabras me quitaban el sueño con una rapidez extrema. En esos momentos buscaba una forma de evitar lo inevitable pero el hecho de ser pillado a esas horas, echado en una cama, con los ojos pegajosos, con medio cerebro en stand-by, constituía un handicap para cualquier espontáneo plan de fuga. Finalmente, al segundo o tercer grito de la autora de mis días, sin que ningún ruego desesperado de última hora surtiera un poco de lástima por su parte, terminaba abriendo la boca –sin respirar, que era peor si olías la mierda ésa- y tragando lo intragable: una cucharada sopera de ese vil óleo. El ritual se completaba con un poco de azúcar en la boca y bebiendo inmediatamente el zumo caliente de naranja. Recuerdo que a continuación podía sentir los escalofríos, la impotencia, la derrota final.

En resumen, todo era un asco.


El porqué nos purgaban de esa forma –mis hermanas también sufrían este ritual-, tenía su origen en que a mi madre se lo dieron siempre antes de ir al colegio. A lo mejor, era una idea original de mi abuela, o quizás hay que ir más atrás en el tiempo para buscar el verdadero origen de esa desagradable costumbre. Digamos que era…porque sí.

Hasta que, cuando tenía unos 13 años, como dije antes, decidí que eso iba a terminar. Había leído, averiguado, estaba plenamente convencido que tomar esa porquería no era necesario. No había un sustento científico para usarlo todos los años con nosotros. Había llegado el momento del cambio, de la revolución. Nunca más.

Ese año, al entrar un día en la cocina –sería finales de Marzo, como siempre- y ver el dichoso frasquito una vez más sobre el repostero, le advertí a mis madres: “Yo, no voy a tomar eso, así que ya están avisadas”. Obviamente, se rieron de mi “audacia” y ni caso. Recuerdo que yo no me reí.

Y llegó el día esperado. Apareció mi vieja al rayar la aurora con todo el material necesario para el procedimiento y me pidió abrir la boca.

-No. No voy a tomar eso.

-Ya basta de bromas, hijito, abre la boca que se enf…

-Te dije que no lo iba a hacer.

-No me hagas enojar…¡abre la boca!

Y así estuvimos varios minutos, yo con la boca sellada y mi vieja con la cuchara llena de aceite caliente en la mano, lista para el embuche. Pero esta vez no. Ya estaba bien. Bonum est culantrum, pero no tantum. Estaba decidido y costara lo que costara, esta vez yo ganaría.

Mi madre me intentó acorralar, por las buenas, por las malas, en la cama, de pié. Pero naca la pirinaca. La situación era risible a todas luces, pero yo me aguantaba la risa y procuraba estar lo más serio posible. Cuando la ví dejar la cuchara y abalanzarse sobre mí, hice lo que cualquier gallardo y aguerrido muchacho de mi edad hubiera hecho: meterme debajo de la cama. Así estuve un buen rato, esquivando a mi madre que empujó la cama por toda la habitación entre gritos e intentos de cogerme por algún lado en la que quedaba a su alcance. Finalmente, se rindió:

-¡Esto no quedará así! ¡Ya verás cuando salgas!

Victoria, al fin.

Mi madre estuvo muchos días sin hablarme. Se quejó con mi padre, al cual por un oído le entró y por el otro le salió. Me preparó en esos días, como castigo, toda la comida que no me gustaba y esperando estuvo que le pidiera algo para negármelo. No lo hice. Aguanté el tipo y poco a poco, la tensión fue amainando. Frente a cualquier intento de reproche por su parte, siempre le decía lo mismo: “Yo te avisé”.

Así termino la triste historia del aceite de ricino en mi casa. Mis hermanas, envalentonadas con mi actitud, también se negaron a probarlo a partir de ese año. Que fue todo un hito, vamos.

Epílogo

Un lustro después, mi madre tenía que sacarse unos rayos x para una operación renal. El médico le indicó que, para que las placas salieran bien, tenía que tomar con un día de anterioridad, un purgante: aceite de ricino. Mi vieja, ni corta ni perezosa, fue a preguntar en varias farmacias y consiguió algo parecido: cápsulas de aceite de ricino. Cuando el médico se enteró de toda la verdad al ver las placas –que salieron fatal- le echó una buena bronca y la mandó a por lo que él le había dicho. O sea, que consiguiera e ingiriera a su viejo conocido.

El mundo da vueltas, dijo un borracho.

Fue un momento histórico para la familia. Una de mis hermanas y yo, nos sentamos en la cocina para ver el inédito e increíble espectáculo de ver ingerir a nuestra madre, aceite de ricino. Lo hizo, claro que después de muchos aspavientos, protestas, risas y recordatorios de nuestra parte (le decíamos “abre la boca que se enfría” además que le imitábamos con muchas de sus consabidas frases). Después de comer azúcar y beberse el zumo de naranja caliente, lo primero que dijo fue: “Qué horrible es, Diosito”.

El círculo se había cerrado, al fin.

lunes 21 de enero de 2008

Alan Revolutions

“Yo mismo soy, por mi madre” parece que habrá pensado Alan García durante su recientísimo viaje a España. Ha llegado y bueno, ya sabemos cómo se comporta cuando es el centro de atención. Ha estado como pez en el agua.

Lo cual, está bien, joder. Lo importante es que se hable del Perú. Y siempre en el buen sentido, claro.
Para empezar, se reunió con Alberto Ruiz-Gallardón, el exitoso –y humillado increíblemente por su propio partido la semana pasada- Alcalde de Madrid y después que éste le diera las llaves de la ciudad, le soltó nada menos que una frase de Napoleón: “Es verdad que vengo de perder una batalla, pero antes de que caiga la noche puedo ganar otra” para levantarle el ánimo, que lo necesita, sin duda. "He transcurrido diez años de mi vida como exiliado, como paria, perseguido por una dictadura y por gobiernos ignorantes y aquí estoy. Como político viejo, no me queda más que darle el consejo de la constancia y de la fortaleza" (bien, bien. Donde está la noticia, allí hay que estar).
Luego se reunió con los representantes empresariales españoles, a los cuales les ha hablado sin tapujos y de modo directo, sin medias tintas:

-“Hay que negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE) al margen de la Comunidad Andina(muy bien, que la verdad, esa cosa nunca ha servidor para nada).

Existe otra manera de lograr que Perú reciba inversiones fuera de acuerdos que violentan el libre comercio". (uffff…directo al hígado de varios que conozco)

-“Llegar al citado tratado es actualmente imposible ya que Ecuador y Bolivia no creen en el libre comercio" (toooma…)

-Y no se olvidó de Venezuela: "Bruselas debería estudiar esta situación"- Venezuela estudia reincorporarse a la CAN después de su retirada del 2006 - porque "con estos socios es imposible tener un contrato" (en resumen, ¿Por qué no te callas, Hugo?).

Y después de zarandear a nuestros vecinos, para que quede claro que no nos parecemos a ellos en nada, se lanzó a promover las relaciones comerciales entre España y Perú:

-“Debe existir una relación mucho más profunda"

-“He venido a España a pedir la vuelta del Colón de las inversiones y las tecnologías"

-“Perú es un país serio y responsable, lejos de ideologías de castañuela y cuya economía registró un crecimiento del 8,3 por ciento en 2007(al que le cae el guante...)

Y se animó a seguir dando consejos (es que una vez que coge vuelo…):

-Más inversión en hidroeléctricas: Tras asegurar que España tiene una "gran experiencia" en el empleo de la energía hidráulica, subrayó que Perú cuenta con unos recursos hídricos "siderales" (solo faltó que dijera que el Perú es un país de recursos galácticos…como el Madrid, vamos).

-“Consideren que, en unos años, España será la sexta potencia económica del mundo”, por lo que les animó a "pensar en grande": Latinoamérica exigirá "cada vez más energía", y animó a los empresarios españoles a plantearse invertir en el área energética peruana pero con una visión "continental".

Y para rematar, que no falte la ironía:

-“El Perú es el vecino más responsable del barrio", por lo que "es mejor visitar esta casa" ante la posibilidad "de salir escaldado y perder dinero, ¿verdad, señor Alierta?", en alusión al presidente de Telefónica, César Alierta, ahí presente y cuya compañía ha tenido duros enfrentamientos con el gobierno argentino. (¡Que buena!)

Más tarde, se reunió con ZP y ambos emitieron un comunicado conjunto lleno de elogios mutuos. Todo muy protocolar, como cabe en estos casos.
Por la noche, cena con la familia real y luego, de vuelta a casa.

La verdad, es que no me puedo quejar. Ha estado muy bien…está hecho un crack, sin duda. En este nuevo siglo hay que velar por nuestros propios intereses y no andar en plan de líder regional, continental o como lo que quiso ser él mismo hace 20 años. Hay que saber vender al Perú en el exterior. Se nos tiene que ir la vida en ello. Si no lo hacemos, nadie más lo hará.

Todo parece indicar, que los años no han pasado en vano y que Alan ya aprendió de qué va todo esto. Visto lo visto, Alan ha pasado de ser Reloaded a ser Revolutions.

-You were right, Smith. You were always right. It was inevitable.

viernes 18 de enero de 2008

Turismo: Aún no despegamos

Leí hace poco, que el Ministerio de Turismo en el Perú, se plantea que en el año 2008 vengan al Perú, 2 millones de Turistas, lo que representaría un crecimiento del 11% con respecto al 2007 (1,8 millones).

Pues no sé que pensarán muchos, pero me parece que después de ver cómo está creciendo el país en otros rubros económicos, y teniendo en cuenta todo lo que tenemos que ofrecer al turismo, aún no tenemos buenos resultados. Solamente en el año 2007, países que no tienen el potencial turístico que tiene el Perú, han podido alardear con las siguientes cifras:
Chile: 2, 5 millones
Uruguay: 2 millones
Argentina: 2 millones

Aquí en España, el turismo es una actividad empresarial de primer nivel (si es que no es la primera). Existe un turismo interno avasallante y un turismo de extranjeros que no hace sino crecer más cada año. Sólo en Valencia, por ejemplo, se recibieron 2 millones de turistas en el 2007. En toda España…59 millones.

¿Qué tenemos que hacer para que el Turismo despegue en el Perú?

Pues lo que hacen todos.
Tampoco hay que pensar mucho ni inventar la pólvora, digo.Para empezar nos falta implementar lo que se consideraría una infraestructura básica para el turismo. Repito: lo básico. Sin ello, lo demás no funciona bien. Es como estar hablando de lo bonito que es el techo de mi casa mientras sus cimientos se están hundiendo. En informática, para ver si me explico mejor, existe el concepto de capas: se empieza por la capa física y sobre ella, se va construyendo todo hasta llegar a la capa de aplicaciones (la que vemos como usuarios). En fin, que ahí vamos con algunas ideas (ninguna original, que no hace falta):

Comunicaciones:
Lo más importante, las carreteras y autopistas. Y obviamente, todo lo que eso conlleva: mantenimiento, señalización, control, peajes, iluminación, mapas, etc. El objetivo es que una persona, que NO CONOCE el país, pueda con ayuda de un mapa (o un GPS) y de las señales que encuentre en las carreteras, ir donde le de la gana sin problemas.

Nota: ¿Para cuando una autovía en toda la costa peruana? Ojo: Autovía.

Información Local: Cada pueblo, ciudad del Perú, debe tener una oficina de turismo (da igual si es un kiosco) que ofrezca información para los turistas: mapas, libros, historia, ideas…todo lo que un turista pueda necesitar para al menos, darse una vuelta por la zona y no perderse.

Tarifas: Realmente jode que un turista pague más por una visita a un museo que un peruano. Sentirán que nos aprovechamos de ellos, y con justa razón. Y por favor, que sea todo en moneda nacional. El cambio favorable de la moneda local es uno de los motivos por los cuales un turista decide el destino de sus vacaciones.

Hoteles y Restaurantes: Todo el que quiera poner un hotel o un restaurante para turistas, debería recibir el apoyo del Estado. Exoneraciones, ayudas, etc. Pero a cambio, se ha de exigir un mínimo de calidad en los servicios. Hay que hacer las cosas bien.

Y nada, lo dejamos ahí para empezar...

martes 15 de enero de 2008

El Gran Corso de Wong

Vamos a ver...¿Porqué tanta gente en el Perú se rasga las vestiduras porque Wong ha sido comprado por Cencosud?

En realidad, también se podría decir: Wong se ha vendido a Cencosud.

Esto último suena un poquito mal, no? Pero es lo mismo; sólo que visto desde el ángulo opuesto. Se compra lo que se puede vender. Que yo sepa, Cencosud ha ofrecido más dinero que todos los demás interesados en comprar Wong. Porque Wong, simplemente se puso en venta.

Wong no era mío. Ni de nadie más que de sus dueños. Como en su día lo era Backus y la Inca Kola. Y por lo visto, todas estas peruanísimas empresas (había que ver sus patrióticos comerciales en la tele cada Julio) tenían su precio. Me molestaría que Wong cerrara, porque dejaría en el paro a muchos peruanos. Pero no va a cerrar.

O sea que, personalmente, me da igual que Wong se venda –a quien sea- si con ello sigue operando y brindando servicio y sobre todo, empleo.

Pero eso no es lo que molesta a mucha gente. Molesta que Cencosud sea chileno.

¡Chilenos! ¡Nos invaden! ¡A las barricadas!

¿Porqué nadie se pregunta porqué tantas empresas de origen nacional se venden tan fácilmente? ¿Qué nos pasa? ¿Dónde está el amor a la camiseta, el “Te Amo, Perú”, la “P de Patria, la E del Ejemplo?"

Los Wong no se han portado de distinta manera que muchos –y mira que son muchos como para que no nos sorprenda a estas alturas- empresarios peruanos a lo largo de la historia. Han sido fieles a su autóctona naturaleza: En cuanto puedas, vende, chochera (y arranca).

Esta frase la podríamos poner en el CADE como lema. En serio.

Los empresarios chilenos, ambiciosos, arriesgados y con dinero extra, no tienen la culpa. La tenemos nosotros. Somos fáciles, baratos, a la primera nos regalamos (Vladimiro Montesinos puede dar fe de lo que digo). Bancos, Financieras, Cervecerías, Aerolíneas, Gasolineras, Tiendas y ahora, Supermercados. Y decían que Wong era una marca “de bandera”.Por favor.

¿Cuándo hemos tenido una clase empresarial que piense en el interés nacional antes que en el suyo propio? (Este post me ha salido con muchas preguntas sin respuesta, pero ésta si la puedo responder: Nunca). Somos lo que somos. Reconozcámoslo. La culpa es sólo nuestra.

lunes 14 de enero de 2008

Las benévolas

Hace unos meses, leí una entrevista en El País a un nuevo escritor franco-norteamericano: Jonathan Littell. Su primera novela, “Las Benévolas”, que había ganado dos importantes premios en Francia (Goncourt y el Grand prix du roman de l'Académie française) se estaba vendiendo muy bien y el se estaba convirtiendo en una especie de nuevo fenómeno de la literatura (tiene 39 años).

El hecho de hacerse famoso con una única -y primera- novela, me llamó la atención y me leí toda la entrevista. No pude entender algunas cosas claro, teniendo en cuenta que no había leído la mentada obra, pero pude entender que Littel no se sentía cómodo con tantos elogios a su opera prima (incluso no fue a recoger el premio Goncourt), la cual en esencia es el relato en primera persona de un SS alemán a lo largo de todo lo que vivió durante la Segunda Guerra Mundial, e incluso no sabe si escribirá otra novela. Rara avis. Littel nació en Nueva York, vivió en Francia, trabajó en varias partes del mundo como miembro de una ONG, vive actualmente en Barcelona y gracias a esta novela, le fue otorgada la nacionalidad francesa.

Unos meses después, encontré el libro de forma casual en un supermercado. Lo compré inmediatamente y me puse a leerlo por las noches. Lectura difícil, con tantas palabras y frases en alemán, siglas, fechas, ciudades…además de sus casi 1000 páginas; pero un gran libro, sin duda. Mezcla la realidad con la ficción y uno de repente, se ve obligado a pensar, entender y justificar la vida –y lo que ella nos obliga a afrontar- como el personaje principal: el SS que nos cuenta todo lo que pasa en torno suyo, sin remordimiento ni sentimentalismo alguno. El relato es sencillamente neutro en cuanto a humanidad se refiere para el frío personaje, pero es brutal para el lector. Lo peor del caso es que seguramente el parecido con la realidad estuvo desgraciadamente muy cerca.

Esto último es lo que me quedó al terminar el libro. Una sensación de desesperanza y vacío. El horror nazi no fue perpetrado por unos maniáticos sedientos de sangre y poder como vemos en las películas o leemos en libros de historia. Fue hecho por personas cultas, racionales y educadas, con una ideología muy bien preparada que justificaba plenamente todas sus monstruosas acciones y un Estado que les pedía coherencia con esta forma de pensar. La guerra hizo el resto.

Littel decía en la entrevista, que “la cultura no nos protege de nada”. Tiene razón. Puedes ser muy culto, refinado, sensible y ser perfectamente un hijo de puta. Esa tentación del mal está presente en todas partes, en todos los pueblos, en toda la historia de la humanidad. Está dentro de todos nosotros.

jueves 10 de enero de 2008

Salven al muelle

El puerto de Pimentel se encuentra ubicado a unos 12 Km. al oeste de la ciudad de Chiclayo, ciudad ubicada a 770 Km. al norte de Lima, Perú. Su nombre proviene del marino Ricardo Pimentel quien en su momento, descubrió las excelentes condiciones para puerto y fondeadero que ofrecía la zona y recomendó que se aprovecharan estas características. De esta forma, una simple caleta de pescadores pudo convertirse en un importante puerto con el transcurrir de los años.Como muchas cosas en el Perú, tuvo una época dorada – inicios del siglo 20, con el auge del comercio azucarero- en la que fue considerado uno de los balnearios más importantes del Perú y de la costa del Pacífico y de la que aún hoy se pueden apreciar algunos vestigios: casonas antiguas, líneas de tren, malecón..Actualmente, es un pueblo tranquilo donde paseantes, veraneantes, pescadores artesanales y surfers, conviven sin mayores problemas con su frío mar y sus playas grandes de arena.

Pero hoy quisiera hablar de uno de los símbolos de la buena época de Pimentel: El muelle.


Como creo que cualquier otro chiclayano, conozco al muelle de Pimentel de toda la vida. Cuando era aún muy pequeño e iba a la playa con mi familia, veía su silueta sobre el horizonte. Cuando empecé a pescar con cordel con mi padre, lo pude conocer entonces, muy de cerca. Lo visité innumerables veces, con calor o frío, con marea alta o baja, con días buenos y malos. Digamos que al pasar de los años le llegué a tomar un especial aprecio o familiaridad, como quieran llamarlo.

Buscando información sobre esta reliquia, que mucho vivir allí y poco conocer lo que se tiene, descubro que fue inaugurado en el año 1914, como colofón a la concesión privada de un ferrocarril entre Pimentel, Chiclayo y Pucalá otorgada al copropietario de la Hacienda Pomalca, Salvador Gutierrez. A través de este muelle de madera –de 150m de longitud-, se podía efectuar el embarque y desembarque de mercancías de los barcos que de todas partes del mundo atracaban para ese fin en el puerto de Pimentel.

Todo esto viene a cuento ya que leí el otro día una noticia que me alegró mucho. Se había destinado casi 2 millones de soles -500.000€ aproximadamente para iniciar su recuperación y rehabilitación –ahora, pensando más en el turismo que en el comercio propiamente dicho-. Desde hacía meses, el muelle ya estaba cerrado al público por la completa inseguridad que presentaba a sus visitantes (pescadores artesanales de la zona y curiosos) –simplemente, se estaba cayendo de viejo-. Esto significará que en breve, espero, el muelle de Pimentel pueda vivir una merecida segunda juventud y que los pescadores tengan donde desembarcar su faena, lo turistas tengan donde pasear, los barcos donde atracar y yo la oportunidad de poder visitarlo algún día para poder tirar mi cordel y sobre todo, para darme el gustazo de saltar al mar desde su plataforma (si me dejan cumplir este viejo anhelo).


Y ojalá que este tipo de acciones no sea flor de un día. Un pueblo, una ciudad, no debe existir solamente para su presente. Su pasado es también importante. Hay que saber reconocer lo que fuimos para poder saber lo que queremos ser. (Gracias a mi cuñado Aldo por las fotos)

miércoles 2 de enero de 2008

Doblaje en España

Una de las cosas que más me costó acostumbrarme –aunque ya estaba prevenido por mi hermana- en España, es el doblaje que hacen de las películas en el cine y la televisión. Un shock para alguien como yo, que le gusta mucho el cine y que toda la vida ha visto películas con subtítulos y que por lo tanto, lo considera como una característica completamente normal en cualquier película en idioma extranjero.

Aquí, los subtítulos son prácticamente rechazados por la mayoría de los espectadores. ¡Ponerse a leer en una peli! Imposible para muchos. Las películas subtituladas son consideradas, y no es exageración, para frikis del cine. Los poquísimos cines que la ofrecen, son antiguos, incómodos y faltos de tecnología. Y por último, casi siempre están dedicados a cines de autor. O sea, que ni hablar de oír a Viggo Mortensen con su acento tan peculiar.

He tenido muchas discusiones –amigables todas, hay que resaltar- con españoles sobre este tema. He intentado explicarles que la voz de un actor/actriz es algo único, inimitable, irremplazable. El timbre, la entonación, el acento, todas son características que los actores ponen al servicio de sus personajes y no pueden ser borradas en esta especie de atentado artístico que es el doblaje. Pero hay costumbres tan enraizadas que no pueden ser cambiadas tan fácilmente:

-Pero si aquí en España tenemos al mejor doblaje del mundo! ¡Lo hacen tan bien que ni parece que haya sido en inglés!

-Yo no puedo leer y mirar la peli a la vez. ¡Yo no sé cómo puedes hacerlo!

La verdad, es que el doblaje que se realiza es muy bueno. Pero no van por ahí los tiros. Nadie está diciendo que se haga mal, simplemente, que no se debería hacer. Su punto débil, sin embargo, son las películas en inglés en las cuales, también se habla español en un momento dado. Como generalmente los personajes no se entienden (por ejemplo, uno habla español y el otro inglés), ¿Cómo mostrar esa incomunicación si estamos doblando todo al castellano?. Un buen ejemplo lo ví en una de las pelis de Jurasic Park (doblada, por supuesto). Es una escena en la que hay un diálogo en español de unos pescadores costarricenses (y que luego alguien traduce), que fue transformada en un diálogo...en quechua! (Sin comentarios)

He llegado a la conclusión, después incluso de algunos experimentos personales, que a una persona que no tiene costumbre de ver películas subtituladas, le costará muchísimo hacerlo. Necesitará ver muchas películas –con el consiguiente fastidio que representa perderse muchos diálogos- para poder hacerlo medianamente bien. Si encima de eso, no sabe ni le interesa el inglés, pues la cosa se pone peor. Lo que muchos como yo, crecieron viendo películas en V.O. (así se les dice aquí a las películas normales para mí), ya tuvimos nuestra etapa de prácticas cuando éramos niños y ahora, de un simple vistazo, captamos el diálogo perfectamente.

De modo que, presiento que esta generación de españoles nunca podrá ver películas en V.O. de forma masiva. Probablemente sea la siguiente generación, la más dispuesta a hacerlo. ¿Por qué? Por la influencia indirecta de la televisión, los videojuegos, Internet, el DVD y últimamente, la TDT (Televisión Digital Terrestre). Todas estas opciones, con soporte para subtítulos. La globalización, vamos.

A esto, que no es poca cosa, le podemos sumar los nuevos colegios bilingües, el retraso de los estrenos de las películas (debido al tiempo que exige la preparación de un doblaje) y que más de una productora de Hollywood ha hecho notar, la protesta de directores y actores que, al enterarse que en España sus trabajos son doblados, que han hecho llegar a los medios de comunicación, la falta de recambio de los dobladores españoles de películas, etc.

Para muestra, un botón: He podido notar que en los últimos años, ya no se traducen los títulos de las películas en los cines. Algo normal e inadvertido en otras latitudes pero aquí, lo considero un extraordinario avance. El hecho de poner el título original de la película (inglés, generalmente) hace que la gente pregunte al menos, qué significa. Recuerdo que me reí mucho cuando supe que la famosa película de Bruce Willis “Die Hard” había sufrido el cambio de su título original a “La jungla de cristal” (me imagino que por una referencia directa al Nakatomi Plaza). Los que hicieron esa brillante traducción, no pensaron en que habría una secuela, y claro, ahora he tenido que ver hace unos meses, “La jungla 4.0” (al menos, quitaron “de cristal”, que ya no venía a cuento) en vez de “Die Hard 4.0”.

Esta costumbre, que felizmente va desapareciendo, como digo, me causa problemas cuando comento con alguien sobre una película que ví cuando aún vivía en Perú. Siempre tengo que hacer una pausa inicial, y preguntar “¿Qué título llevó aquí?”. A veces incluso, tengo que explicar el argumento antes de reconocer el título que se usó en España, pues en muchas ocasiones no tiene ni por asomo, parecido con el título original.

Bueno, y a todo esto, a quién se le ocurrió esto del doblaje de películas?

Como muchas cosas que aún se arrastran en España, a la dictadura franquista. Fue establecido de forma obligatoria el 23 de abril de 1941, a imitación de la Ley de Defensa del Idioma de “Il Duce” Mussolini, y estuvo en vigor hasta 1946. El doblaje, permitía tener un control estricto del contenido de las películas y la censura era mucho más eficaz para diálogos políticamente incorrectos.

Conforme pasaron los años, el doblaje se convirtió en una costumbre española más. Y sumado al aislamiento internacional de España hasta los 80s, alcanzó un esplendor nunca imaginado por sus creadores.

Pero esto último, y ojala no me equivoque, tiene sus días contados.

Aquí pongo un buen ejemplo de doblaje español. Si, es "La Jungla 4.0":