El voto obligatorio en el Perú es simplemente, y por usar una palabra suave, una vergüenza. Obligar a votar a un peruano bajo la amenaza de una multa es simplemente abominable. Pero no basta con eso. Los políticos peruanos aún pueden restregarte esta situación en la cara cuando al terminar la votación, salen a la tv y dicen su huachafa y consabida frase: “Hoy ganó el Perú, ¡miren cuánta participación ciudadana!”. Serán cabrones. Ya me gustará ver el porcentaje de ausentismo cuando el voto sea voluntario, sin multas ni represalias, ni nada. Me juego a que pasamos el 70%.
Lo cual, sería lo democráticamente justo. Después de sufrir lo indecible con la clase política peruana durante décadas, tenemos derecho –repito, vivimos en una democracia- a no participar más si no nos apetece, a no seguirles el juego, a simplemente quedarnos en casa viendo tele o escuchando música Incluso sin hacer nada, ya haríamos algo mejor. ¿Levantarme del sofá y vestirme para ir a votar? ¿Estás loco? ¿Para votar por quién?
Otro invento peruanísimo para la democracia fue el voto preferencial. Una maravilla en la teoría y un desastre monumental en la práctica. Cada partido propone en su lista de candidatos al congreso, un número fijo de candidatos con un número el cual uno marca –opcionalmente- cuando vota, para saltarnos el orden establecido por su partido. Resultado: Propaganda electoral de cientos y cientos de candidatos (en paredes, radio, tv, prensa, volantes…) y transfuguismo a posteriori (más me pagas, más te quiero). En resumen, un circo a toda regla, con payasos, comediantes, otorongos, funambulistas, trapecistas…vamos, un congreso como se pide.
Dicen que el APRA, UN y UPP están de acuerdo. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Quién desea aún mantener esta mamarrachada de voto preferencial? Respuesta: Los fujimoristas, los reyes del mambo, que obviamente son los que más provecho-y tajada- han sacado del tema.
Al menos, los seguidores del tristemente célebre dictador, no traicionan a su propia naturaleza. Como la fábula del escorpión y la rana.
Una buenísima de Heduardo sobre el tema:

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