Acabo de leer una noticia muy interesante:
http://www.elcomercio.com.pe/noticia/252022/caos-transito-vehicular-nos-cuesta-mil-millones-dolares
La Asociación Peruana de Empresas de Seguros, Asociación de Representantes Automotrices del Perú, Universidad de Lima, Jockey Plaza, Telefónica y Toyota se han unido en busca de soluciones para el problema del tránsito en el Perú y han presentado el estudio técnico “Antídotos para la congestión y la inseguridad en el tránsito”.
Le he echado un vistazo y en resumen, plantean la creación de un ente regulador –especializado- del tránsito en el Perú, que lo supervise, regule y sobre todo, normalice, de forma específica y directa; además de corregir tantas y tantas situaciones alucinantes que se aprecian en el Perú en cuanto al tránsito se refiere.
O sea, en el Perú tendríamos que crear de arranque, lo que en España se denomina Dirección General de Tráfico (D.G.T). Nada más ni nada menos. O dicho de otra forma, lo que es algo común en tantos países.
Y no hablo del dinero que nos ahorraríamos.
Porque la verdad, siempre he pensado que conducir autos en el Perú –y sobre todo en Lima-, es una simple -y dura- experiencia de supervivencia. Como si te abandonaran a tu suerte en la selva del Amazonas con un cuchillo mal afilado. Si pestañeas, mueres. En las calles de Lima –y del Perú en general- impera la ley del más fuerte, del más vivo, del más egoísta. Uno siempre es el primero, el resto que espere nomás.
Las combis asesinas, los taxis piratas, los huecos, los atascos, etc. son consecuencia de una falta de previsión en materia de transporte de nuestros gobernantes y por supuesto, de la falta de dinero para implantar las soluciones adecuadas. La población creció y con ello, el caos vehicular en medio de una infraestructura pensada para una población de 30 años atrás. Y cuando aparece el caos, aparece obviamente, la ley de la selva.
Antes de seguir, quiero contar que manejo desde los 15 años aproximadamente. Nunca he chocado con nadie, y felizmente tampoco me han chocado. Tampoco he causado daño a nadie con mi forma de conducir. Me considero un buen piloto, y con buena suerte además. Y eso ya es decir mucho.
Al llegar a España, lo primero que a uno le impacta, es ver un parque automotor muy nuevo, de pocos años de vida. Uno ve pasar coches del año a cada rato y de cada marca, que se le hace a uno agua la boca. Marcas como Audi, Mercedes, BMW, Jaguar, son muy fáciles de encontrar. Ferraris, Lamborginis, Porsche, aparecen también de vez en cuando, para alegría de la vista. No nos podemos quejar en lo absoluto en ese sentido.
Las carreteras, autovías y autopistas españolas son, salvo contadas excepciones, un dechado de calidad y orden. Muy bien diseñadas, señalizadas convenientemente y con un mantenimiento continuo –que evita que te la pegues con un hueco asesino de amortiguadores y muelles- te permite relajarte cuando conduces y se puede disfrutar del viaje. Y no hablo de la velocidad con la que puedes llegar en determinados momentos. Si bien el límite máximo es de 120 Km/h, la gente sabe cuándo pisar el acelerador sin temer a encontrarse con un guardia civil – que son quienes controlan el tráfico en las carreteras- o con un radar inoportuno que luego te envíe a casa una foto tuya y de la velocidad a la que ibas cuando ibas de viaje de vacaciones anexada a una graciosa multa. Digamos que había una cierta tolerancia por todas las partes. Hablo en pasado porque esto existía hasta antes del 2007, que fue cuando se implantó el carnet por puntos, que mandó todo al traste. Este invento italiano, consigue que levantes el pie del acelerador para conservar tus puntos y que no termines en la cárcel llegado el caso. Ahora, por lo tanto, conducir es una experiencia menos divertida que antes. Y hablo de forma particular y obviamente sesgada. Después de 2 años de implantarse este sistema, el número de víctimas se ha reducido de forma ostensible, con lo que su éxito es completo. Así que me fastidio y sigo nomás.
En fin. Cuando llegué, como decía, estuve un buen tiempo usando el transporte público hasta que decidí adquirir un coche, aprovechando las facilidades que me ofrecía la compañía donde laboraba. Estoy hablando del renting, o también denominado “coches de empresa”. Mi problema no era adquirirlo. Mi dolor de cabeza era conseguir el carnet de conducir español.
El carnet de conducir en España, se obtiene de una sola forma: asistiendo a un curso de conducción teórico y práctico en una autoescuela. No existe la posibilidad de ir por libre, como recuerdo que obtuve el brevete en Perú. O pasas por la autoescuela, o no tienes carnet.
Tengo que decir, que las autoescuelas resultaron un muro infranqueable para mí. Me recorrí muchas, planteando mi situación: No quería pasar por todo el curso –y pagar en promedio unos 1.000€ por ello, que se dice pronto y es una barbaridad- si ya sabía conducir; necesitaba un curso de actualización más rápido –y por ende, más barato- y que me permitiera dar el examen sin problemas. Pero todos mis intentos eran vanos. Las autoescuelas vieron el filón de los extranjeros como yo y no daban su brazo a torcer. Para ellas, yo tenía que asistir a todas las clases aunque pilotara en F1. Y pagarles, claro.
Y bueno, a esas alturas yo ya tenía mi coche y conducía por toda España con un carnet internacional que saqué en el Perú antes de venir. Me aferraba a éste como un chofer de camión a una estampita de Sarita Colonia a la espera de encontrar una solución definitiva al problema que tenía entre manos y con el riesgo de que algún día me pare la guardia civil y no estén enterados de la existencia del Touring y automóvil club del Perú (a mucha honra). Tengo que reconocer, que tuve que quitarme la innata agresividad en el conducir, típica de los que conducen en Perú. Aquí no hace falta. En general, la gente conduce muy bien y poco a poco uno se da cuenta que no hay necesidad de tanta tensión al volante. Al cabo de un tiempo, me adapté y sin problemas.
Hasta que se me acabó la suerte, al cabo de un tiempo. Iba yo conduciendo tranquilamente por una autovía a unos 180 km/h (vale, la culpa es toda mía) cuando me pilló la Guardia Civil con un coche camuflado, que no es otra cosa que un coche que va por la autovía con un radar y una cámara de fotos pillando a todos los que superan la velocidad límite permitida (120 Km/h en mi caso). Me hicieron señas, me tuve que detener y entregarles la documentación. Yo por supuesto, hice uso de mi estampita milagrosa que guardaba para estos momentos difíciles.
Por supuesto que no coló. Me dijeron que no podía conducir con esa documentación pero que me lo podían perdonar, ya que al parecer era bastante común (estos sudamericanos..). Pero lo que no admitía discusión era lo de conducir a esa velocidad. Y por favor, nos firma la multa de 300€ correspondiente y llame a alguien que lo venga a recoger porque no puede ir por ahí sin carnet de conducir español.
Toma multa.
Así pues, me escoltaron a un restaurante de carretera y llamé a mi novia para que viniera a recogerme –estaría a unos 150 Km de donde estaba-. Los guardias me pidieron disculpas si me estaban impidiendo llegar a alguna cita importante y estuvimos charlando de cosas intrascendentes por varios minutos. Me habían contado muchas historias de la Guardia Civil pero la verdad es que los que me pararon ese día, cumplieron su trabajo y no se ensañaron conmigo. Fueron muy correctos y amables y yo lo fui con ellos.
Por supuesto, no me vendieron ninguna rifa ni les invité algo para almorzar. ;)
Al poco tiempo de este incidente, un amigo peruano me llamó por teléfono para decirme que habían sacado una normativa de canje para los brevetes peruanos. No me lo creía. Fui al ministerio de transportes y si, ¡¡era verdad!! Había un comunicado pegado en una pared para todos los residentes peruanos que lo confirmaba. Así que en menos de lo que canta un gallo, ya tenía mi carnet de conducir español, el cual no me produjo una grata impresión en ese momento, ya que era un simple carton rosado con la foto pegada al estilo tradicional que me recordaba mucho a la boleta militar de mi época. Ahora ya la dan en formato digital, y en mi caso, me la darán cuando renueve el consabido cartón rosado que ahora tengo.
Ojalá y el gobierno peruano decida hacer caso de las sugerencias de este informe y empiece a resolver este problema que parece ya eterno y sin solución pero NO lo es. Esta locura llamada tránsito peruano, se puede curar.En serio.
La caricatura, es formidable y es del genial Molina





