jueves 16 de abril de 2009

Conducir en España

O manejar, como se prefiera.

Acabo de leer una noticia muy interesante:

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/252022/caos-transito-vehicular-nos-cuesta-mil-millones-dolares

La Asociación Peruana de Empresas de Seguros, Asociación de Representantes Automotrices del Perú, Universidad de Lima, Jockey Plaza, Telefónica y Toyota se han unido en busca de soluciones para el problema del tránsito en el Perú y han presentado el estudio técnico “Antídotos para la congestión y la inseguridad en el tránsito”.

Le he echado un vistazo y en resumen, plantean la creación de un ente regulador –especializado- del tránsito en el Perú, que lo supervise, regule y sobre todo, normalice, de forma específica y directa; además de corregir tantas y tantas situaciones alucinantes que se aprecian en el Perú en cuanto al tránsito se refiere.

O sea, en el Perú tendríamos que crear de arranque, lo que en España se denomina Dirección General de Tráfico (D.G.T). Nada más ni nada menos. O dicho de otra forma, lo que es algo común en tantos países.

Y no hablo del dinero que nos ahorraríamos.

Porque la verdad, siempre he pensado que conducir autos en el Perú –y sobre todo en Lima-, es una simple -y dura- experiencia de supervivencia. Como si te abandonaran a tu suerte en la selva del Amazonas con un cuchillo mal afilado. Si pestañeas, mueres. En las calles de Lima –y del Perú en general- impera la ley del más fuerte, del más vivo, del más egoísta. Uno siempre es el primero, el resto que espere nomás.

Las combis asesinas, los taxis piratas, los huecos, los atascos, etc. son consecuencia de una falta de previsión en materia de transporte de nuestros gobernantes y por supuesto, de la falta de dinero para implantar las soluciones adecuadas. La población creció y con ello, el caos vehicular en medio de una infraestructura pensada para una población de 30 años atrás. Y cuando aparece el caos, aparece obviamente, la ley de la selva.

Antes de seguir, quiero contar que manejo desde los 15 años aproximadamente. Nunca he chocado con nadie, y felizmente tampoco me han chocado. Tampoco he causado daño a nadie con mi forma de conducir. Me considero un buen piloto, y con buena suerte además. Y eso ya es decir mucho.

Al llegar a España, lo primero que a uno le impacta, es ver un parque automotor muy nuevo, de pocos años de vida. Uno ve pasar coches del año a cada rato y de cada marca, que se le hace a uno agua la boca. Marcas como Audi, Mercedes, BMW, Jaguar, son muy fáciles de encontrar. Ferraris, Lamborginis, Porsche, aparecen también de vez en cuando, para alegría de la vista. No nos podemos quejar en lo absoluto en ese sentido.

Las carreteras, autovías y autopistas españolas son, salvo contadas excepciones, un dechado de calidad y orden. Muy bien diseñadas, señalizadas convenientemente y con un mantenimiento continuo –que evita que te la pegues con un hueco asesino de amortiguadores y muelles- te permite relajarte cuando conduces y se puede disfrutar del viaje. Y no hablo de la velocidad con la que puedes llegar en determinados momentos. Si bien el límite máximo es de 120 Km/h, la gente sabe cuándo pisar el acelerador sin temer a encontrarse con un guardia civil – que son quienes controlan el tráfico en las carreteras- o con un radar inoportuno que luego te envíe a casa una foto tuya y de la velocidad a la que ibas cuando ibas de viaje de vacaciones anexada a una graciosa multa. Digamos que había una cierta tolerancia por todas las partes. Hablo en pasado porque esto existía hasta antes del 2007, que fue cuando se implantó el carnet por puntos, que mandó todo al traste. Este invento italiano, consigue que levantes el pie del acelerador para conservar tus puntos y que no termines en la cárcel llegado el caso. Ahora, por lo tanto, conducir es una experiencia menos divertida que antes. Y hablo de forma particular y obviamente sesgada. Después de 2 años de implantarse este sistema, el número de víctimas se ha reducido de forma ostensible, con lo que su éxito es completo. Así que me fastidio y sigo nomás.

En fin. Cuando llegué, como decía, estuve un buen tiempo usando el transporte público hasta que decidí adquirir un coche, aprovechando las facilidades que me ofrecía la compañía donde laboraba. Estoy hablando del renting, o también denominado “coches de empresa”. Mi problema no era adquirirlo. Mi dolor de cabeza era conseguir el carnet de conducir español.

El carnet de conducir en España, se obtiene de una sola forma: asistiendo a un curso de conducción teórico y práctico en una autoescuela. No existe la posibilidad de ir por libre, como recuerdo que obtuve el brevete en Perú. O pasas por la autoescuela, o no tienes carnet.

Tengo que decir, que las autoescuelas resultaron un muro infranqueable para mí. Me recorrí muchas, planteando mi situación: No quería pasar por todo el curso –y pagar en promedio unos 1.000€ por ello, que se dice pronto y es una barbaridad- si ya sabía conducir; necesitaba un curso de actualización más rápido –y por ende, más barato- y que me permitiera dar el examen sin problemas. Pero todos mis intentos eran vanos. Las autoescuelas vieron el filón de los extranjeros como yo y no daban su brazo a torcer. Para ellas, yo tenía que asistir a todas las clases aunque pilotara en F1. Y pagarles, claro.

Y bueno, a esas alturas yo ya tenía mi coche y conducía por toda España con un carnet internacional que saqué en el Perú antes de venir. Me aferraba a éste como un chofer de camión a una estampita de Sarita Colonia a la espera de encontrar una solución definitiva al problema que tenía entre manos y con el riesgo de que algún día me pare la guardia civil y no estén enterados de la existencia del Touring y automóvil club del Perú (a mucha honra). Tengo que reconocer, que tuve que quitarme la innata agresividad en el conducir, típica de los que conducen en Perú. Aquí no hace falta. En general, la gente conduce muy bien y poco a poco uno se da cuenta que no hay necesidad de tanta tensión al volante. Al cabo de un tiempo, me adapté y sin problemas.

Hasta que se me acabó la suerte, al cabo de un tiempo. Iba yo conduciendo tranquilamente por una autovía a unos 180 km/h (vale, la culpa es toda mía) cuando me pilló la Guardia Civil con un coche camuflado, que no es otra cosa que un coche que va por la autovía con un radar y una cámara de fotos pillando a todos los que superan la velocidad límite permitida (120 Km/h en mi caso). Me hicieron señas, me tuve que detener y entregarles la documentación. Yo por supuesto, hice uso de mi estampita milagrosa que guardaba para estos momentos difíciles.

Por supuesto que no coló. Me dijeron que no podía conducir con esa documentación pero que me lo podían perdonar, ya que al parecer era bastante común (estos sudamericanos..). Pero lo que no admitía discusión era lo de conducir a esa velocidad. Y por favor, nos firma la multa de 300€ correspondiente y llame a alguien que lo venga a recoger porque no puede ir por ahí sin carnet de conducir español.

Toma multa.

Así pues, me escoltaron a un restaurante de carretera y llamé a mi novia para que viniera a recogerme –estaría a unos 150 Km de donde estaba-. Los guardias me pidieron disculpas si me estaban impidiendo llegar a alguna cita importante y estuvimos charlando de cosas intrascendentes por varios minutos. Me habían contado muchas historias de la Guardia Civil pero la verdad es que los que me pararon ese día, cumplieron su trabajo y no se ensañaron conmigo. Fueron muy correctos y amables y yo lo fui con ellos.

Por supuesto, no me vendieron ninguna rifa ni les invité algo para almorzar. ;)

Al poco tiempo de este incidente, un amigo peruano me llamó por teléfono para decirme que habían sacado una normativa de canje para los brevetes peruanos. No me lo creía. Fui al ministerio de transportes y si, ¡¡era verdad!! Había un comunicado pegado en una pared para todos los residentes peruanos que lo confirmaba. Así que en menos de lo que canta un gallo, ya tenía mi carnet de conducir español, el cual no me produjo una grata impresión en ese momento, ya que era un simple carton rosado con la foto pegada al estilo tradicional que me recordaba mucho a la boleta militar de mi época. Ahora ya la dan en formato digital, y en mi caso, me la darán cuando renueve el consabido cartón rosado que ahora tengo.

Ojalá y el gobierno peruano decida hacer caso de las sugerencias de este informe y empiece a resolver este problema que parece ya eterno y sin solución pero NO lo es. Esta locura llamada tránsito peruano, se puede curar.En serio.

La caricatura, es formidable y es del genial Molina

lunes 16 de febrero de 2009

Despedida a la española


Al cabo de un tiempo de vivir en España, noté algo peculiar en la gente cuando se despedía de uno. La despedida se alargaba hasta límites insospechables para mí. No era un “bueno, ya nos vemos. Adiós” y ya está. Era algo como esto (corto ejemplo aunque no me crean, para las situaciones que he llegado a ver/oír):

-Bueno, ya es hora de ir preparándose para irse

-Si

-En fin

-En fin

-A ver si luego me llamas

-Vale

-Porque así quedamos para salir algún sábado

-Bien

-Y a ver si llamamos a Javi, y quiere salir también

-Vale

-Es que con este tiempo nunca se sabe

-Si, el clima está un poco loco

-Si. El otro día llovió que no veas. Y yo sin paraguas, me mojé todo…tuve que entrar a una tienda y..

-Ajá….

-Pero en fin. Ya llegó el frío

-Si………eso dijeron en la tele.

-Bueno, voy saliendo

-Pásatelo bien. Adiós

-Quedamos así entonces?

-Sí…..(Aquí uno se pregunta ¿Realmente se está yendo?)

-Me llamas tú o yo te llamo?

-………Llámame tú

-Vale, yo te llamo entonces.

-Mmm..vale

-Y si no, te llamo al trabajo.

-………

-Sabes que el otro día ví a Paco por la calle?

-Eh…….No (Aquí ya aparece la sensación de “algo está pasando pero no me estoy dando cuenta”)

Yo no puedo determinar todavía con exactitud si los peruanos somos unos F1 para despedirnos (“Chaufa, cuñao”, “me quito”) o en España se toman esto de las despedidas con una calma que asusta. Muchas veces, he tenido que entrar al trapo en esto del protocolo de la despedida, para que no vayan a pensar que soy un descortés o un brusco sin remedio. Sin embargo, otras veces he dicho: “Bueno, Adiós, nos vemos” y he seguido mi camino –como he hecho toda mi vida- aunque luego me he quedado con una especie de arrepentimiento encima que no sé cómo explicar.

Esto de las despedidas españolas lo he comentado con varios amigos españoles. Al principio no me creían, hasta que en alguna ocasión en el trabajo, he cronometrado cuanto se tardaba en despedirse algún colega de nosotros y me terminan dando la razón al ver los minutos empleados.

Me intriga saber porqué existe esta costumbre, de dónde viene, a qué se debe, pero no la he encontrado. Existe una despedida “a la francesa”, que sencillamente, es irse sin avisar. A lo mejor, la despedida a la española es, para llevar la contraria a los gabachos, simplemente eterna.

viernes 28 de noviembre de 2008

Diccionario de Sinónimos Peruano-Español

(Actualizado el 4/12/2008 con aportes)

En España, no se explotan los sinónimos como creo que se hace en Latinoamérica, según mi humilde percepción. Siento que aquí las palabras son mas "fijas" y que la gente misma no gusta de explorar otras posibilidades del idioma. ¿Será porque aquí se habla más directo y el usar palabras no tan comunes genera una sensación de ambiguedad? Sinceramente, no conozco la razón.

Creo que la famosa frase del profesor Jirafales: “¿Porqué causa, motivo, razón o circunstancia?” no habría causado mucha gracia aquí.

He hecho una recopilación mental y he escrito la primera edición del diccionario de sinónimos peruano-español. Que conste para mi postulación al Cervantes:

No se dice OK, se dice: Vale

No se dice carro, se dice: coche

No se dice aló, se dice: Dígame, Diga

No se dice Chao, se dice: Hasta Luego, Hasta ahora, Adiós (aunque ahora, esta palabra lo oigo más seguido…influencia latinoamericana?)

No se dice celular, se dice móvil

No se dice chamba, se dice curro (gracias, Miguel)

No se dice rueda ("se me bajó la rueda"), se dice neumático ("se me pinchó el neumático". La rueda propiamente dicha, es lo que llamaríamos, el "aro")

No se dice Chica(o), se dice Tía(o)

No se dice Niño, se dice Chaval

No se dice Almuerzo, se dice comida

No se dice Comida, se dice Cena

No se dice Lonche, se dice Merienda (por las mañanas, se llama almuerzo. Gracias, Carolate)

No se dice sándwich (en Perú todo lo que lleva pan es susceptible de llamarse sandwich o sánguche), se dice bocadillo (pero si es con pan de molde, sí es sandwich. Gracias Jota)

No se dice demorar, se dice tardar

No se dice gasfitero, se dice fontanero (otra más de Jota)

No se dice Arquero, se dice Portero

No se dice Arco (en fútbol), se dice Portería

No se dice Pelota, se dice balón

No se dice patear (la pelota), se dice Chutar (el balón)

No se dice Chimpún (en fútbol), se dice Botín

No se dice Basket, se dice Baloncesto

No se dice Vereda, se dice Acera

No se dice Pista, se dice Calzada

No se dice Matrimonio (la ceremonia), se dice Boda

No se dice Tocino, se dice Beicon (tal como suena)

No se dice Terno, se dice Traje

No se dice Saco, se dice Chaqueta

No se dice Casaca, se dice Cazadora

No se dice Alpargatas, se dice Chanclas

No se dice calzón, se dice Bragas (cariñosamente, braguitas)

No se dice Sostén, se dice Sujetador

No se dice Medias, se dice Calcetines (medias, sólo las de nylon para mujeres)

No se dice Chancho, se dice Cerdo

No se dice Drogo, se dice Yonqui

No se dice Gringo, se dice Yanqui

No se dice Franchute, se dice Gabacho

No se dice Turista (extranjero), se dice Guiri

No se dice “De la Conchesu..”, se dice “De Putamadre”

No se dice Suciedad, se dice Mierda (así, sin medias tintas)

No se dice Audífonos, se dice Cascos (a ver quién me lo explica..)

No se dice Motociclista, se dice Motero

No se dice plata, se dice pasta (bueno, esto es jerga, pero sirve saberlo)

No se dice mouse, se dice ratón (informáticamente hablando)

No se dice computadora, se dice ordenador (¿Cómo se me pasó esta palabra que la uso todo el día? Será que ya no me llama la atención. Gracias, Jota)

No se dice laptop, se dice portátil (seguimos en lo mismo..)

No se dice chompa, se dice jersey (gracias a Evo, se piensa que “chompa” es una expresión boliviana)

No se dice jalar, se dice tirar (también existe el doble sentido,eh?)

No se dice polo, se dice camiseta (polos son solo las camisetas con cuello)

No se dice jeans, se dice vaqueros (y no son los de BrokeBack Mountain)

No se dice hojas (papel), se dice folios

No se dice bacán, se dice guay (del paraguay)

No se dice "párate", se dice "ponte de pié" (el verbo parar es sólo para eso, para detenerse)

Y esta lista la termino por ahora, que no tengo cuando acabar. Pero hay muchos más, un montón, mogollón, a tutiplé, un huevo...(vale, paro aquí)

jueves 16 de octubre de 2008

España en crisis (como el resto, claro)

España vive hoy una época dura a nivel económico, que no sabemos cuánto durará, pero que espero que lo peor ya haya pasado porque si no…
A inicios de año, el escándalo de las hipotecas basura en USA, afectó al sistema financiero europeo, que sintió la pegada porque muchas entidades habían invertido allí y ahora veían que no podían recuperar su dinero o al menos con la rapidez deseada. Esto motivó que el interés bancario a nivel europeo suba al no existir mucha liquidez que digamos. En la práctica, significó que los bancos ya no daban préstamos o hipotecas con la facilidad y rapidez –en muchos casos irresponsabilidad- a personas y empresas.
En ese momento, España tenía una burbuja inmobiliaria a punto de estallar. Los precios de las viviendas estaban por las nubes aprovechando la facilidad con la que se había podido conseguir hipotecas y la tasa de interés –el famoso Euribor- tan baja de los últimos años. Al reducirse la liquidez bancaria, los préstamos se restringieron y el Euribor empezó a subir. De pronto, la gente empezó a ver que sus cuotas mensuales de la hipotecan subían como media 60€ y cada seis meses se repetía la subida. Los posibles compradores de vivienda ya no podían conseguir hipotecas y por lo tanto, los constructores e inmobiliarias ya no podían vender tan fácilmente.
Frente a este panorama, la burbuja estalló. Las constructoras e inmobiliarias empezaron a caer una tras otra como si todo fuera un castillo de naipes. Toda la industria de la construcción que estaba alrededor de ella –cerámicas, carpintería, etc.-se vio afectada seriamente también. Pero luego vinieron grandes problemas con el resto de empresas. Al no poder conseguir préstamos para seguir operando –o financiar sus presupuestos- el país empezó a detenerse. Las previsiones de crecimiento en el 2008, que estaban en un 5%, ahora están en 0%, pudiendo incluso ser negativo. Y no hablo del paro, que ha empezado a subir hasta llegar a casi un 11% con las peores previsiones posibles para los próximos meses.
Y para dar el tiro de gracia, aparece ahora un colapso financiero internacional detonado por las mismas causas. Las bolsas caen, los bancos quiebran –aunque aquí es poco probable, existe una ley de bancos muy severa que no permite que los bancos jueguen en la bolsa, pero quién sabe-, los estados se ven obligados a salir al rescate…la crisis ha llegado y nos afectará a todos.
Claro que esta no será una crisis como la que viví en los 80s en Perú (más que crisis, eso parecía el apocalipsis). Después de sobrevivir a aquella, esto será como comparar una neumonía con un resfrío.
Pues eso, que dure poco:
La caricatura es de Forges, extraída de El País

jueves 2 de octubre de 2008

Botando el voto en el Perú

Leo por ahí, que el congreso debatirá –que no decidirá, porque a última hora puede pasar cualquier cosa- sobre quizás los dos tipos de votación más dañinos que existen en la tortuosa vida política peruana: El voto voluntario (ahora le dicen facultativo) y el voto preferencial.
El voto obligatorio en el Perú es simplemente, y por usar una palabra suave, una vergüenza. Obligar a votar a un peruano bajo la amenaza de una multa es simplemente abominable. Pero no basta con eso. Los políticos peruanos aún pueden restregarte esta situación en la cara cuando al terminar la votación, salen a la tv y dicen su huachafa y consabida frase: “Hoy ganó el Perú, ¡miren cuánta participación ciudadana!”. Serán cabrones. Ya me gustará ver el porcentaje de ausentismo cuando el voto sea voluntario, sin multas ni represalias, ni nada. Me juego a que pasamos el 70%.
Lo cual, sería lo democráticamente justo. Después de sufrir lo indecible con la clase política peruana durante décadas, tenemos derecho –repito, vivimos en una democracia- a no participar más si no nos apetece, a no seguirles el juego, a simplemente quedarnos en casa viendo tele o escuchando música Incluso sin hacer nada, ya haríamos algo mejor. ¿Levantarme del sofá y vestirme para ir a votar? ¿Estás loco? ¿Para votar por quién?
Otro invento peruanísimo para la democracia fue el voto preferencial. Una maravilla en la teoría y un desastre monumental en la práctica. Cada partido propone en su lista de candidatos al congreso, un número fijo de candidatos con un número el cual uno marca –opcionalmente- cuando vota, para saltarnos el orden establecido por su partido. Resultado: Propaganda electoral de cientos y cientos de candidatos (en paredes, radio, tv, prensa, volantes…) y transfuguismo a posteriori (más me pagas, más te quiero). En resumen, un circo a toda regla, con payasos, comediantes, otorongos, funambulistas, trapecistas…vamos, un congreso como se pide.
Dicen que el APRA, UN y UPP están de acuerdo. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Quién desea aún mantener esta mamarrachada de voto preferencial? Respuesta: Los fujimoristas, los reyes del mambo, que obviamente son los que más provecho-y tajada- han sacado del tema.
Al menos, los seguidores del tristemente célebre dictador, no traicionan a su propia naturaleza. Como la fábula del escorpión y la rana.
Una buenísima de Heduardo sobre el tema:

viernes 12 de septiembre de 2008

Peru - Argentina: In extremis

Despertarme a las 4:30 de la mañana para conectar el portátil, pillar una transmisión p2p –no tengo tv de cable, que cuesta mucho- y ver el Perú – Argentina era demasiado para mi cuerpo lleno del síndrome post-vacacional y falto de sueño gracias al primer mes de vida de mi primer hijo (único heredero conocido de mi bicicleta, que yo, propiedades ni fortuna tengo)

Así que a las 9:00 del día siguiente, al entrar para leer El Comercio -como todas las mañanas- y darme con la noticia de que Perú empató con Argentina, digamos que me alegré sin exageraciones, ya que teniendo en cuenta los terribles antecedentes de la selección del Chemo un empate no era mal negocio. Pero luego, al leer la noticia completa, me doy cuenta que esta vez, contra toda lógica en la historia del fútbol peruano, fue la selección peruana la que empató en el último minuto (93 para ser exactos). Es más: en el último segundo, con la última jugada del partido (a lo NBA).

Pero eso no era todo. El gol del empate fue producto de una guapeada, de una cabalgada de quizás el mejor jugador peruano actualmente: Juan Vargas (a) El loco, quien corrió –con una fe enorme como su estado físico- unos 80 metros por la banda izquierda, sin que nadie pudiera quitarle el balón, llegó al área y centró el balón para que Fano la metiera dentro. La jugada –que ya la he visto en youtube de todos los ángulos y con todas las narraciones- es simplemente espectacular, teniendo en cuenta el momento in extremis (en todos los sentidos: físico, emocional) en el que se encontraba Vargas; con el estadio lleno de gente agobiadísima y el país que empezaba a lamentar una nueva derrota de nuestra vapuleada selección..

Porque para partidos perdidos en los últimos minutos, los peruanos somos campeones mundiales. Selecciones, clubes….todos han caído en las postrimerías. Si yo hubiera estado viendo el partido por Internet, habría vuelto a la cama antes que el partido terminara, porque esa película ya la había visto antes y muchas, muchas veces.

O sea, que hice bien en no despertarme a esas horas.

El partido, se resume con el gol del empate. Me quedo con esta transmisión. No tiene precio escuchar a los argentinos narrar un gol contra ellos:

viernes 25 de julio de 2008

Fotos del concierto de The Police en Valencia











Primero, la entrada (87€):

Previos


Más previos


Arranca el concierto


Primera canción

Las restantes: