jueves 4 de febrero de 2010

El Aurich a la siguiente fase!

Bueno....quién lo diría. El Auriche ha eliminado a los Estudiantes-Tecos de México y ha entrado por derecho propio, al grupo 3 de la Copa Libertadores, donde competirá con Bolívar de La Paz, Alianza Lima de Perú y Estudiantes de la Plata de Argentina (el actual campeón).
En el partido de ida en Chiclayo, ganó 2-0 y de visitante, con lluvia y todo, ganó 1-2. No ví los partidos, pero me ha dado una alegría ver que el equipo de mi ciudad se hace respetar y trae para Chiclayo unos buenos partidos internacionales que ojalá muchos de mis familiares, amigos y conocidos puedan ver. Tantos años en segunda división, en el ostracismos futbolero y ahora... se nota la mejoría.
En la web Mediotiempo, de México, hay un dibujante buenísimo (Gabriel) que ha estado jugando con el tema del prácticamente anonimato futbolístico del Aurich en México. Sin faltar, ha estado muy fino y divertido:
A principio, al "teco" no le suena el nombre de "Juanito Aurich":

Luego del primer partido, relaciona Chiclayo con Chicle:

Y finalmente:

Enhorabuena muchachos. Sigan así.

domingo 24 de enero de 2010

El Aurich a la Libertadores!

El equipo de fútbol en Chiclayo, por excelencia, siempre ha sido el Juan Aurich. Cuando era pequeño, veía pasar a la gente rumbo al estadio Elías Aguirre –vivía bastante cerca de él- en las tardes de domingo y me acercaba a preguntar por el marcador cuando no lograba descifrar por el rostro y el ánimo de la gente, si el Aurich había ganado (se notaba al toque) o no.

Mi padre me contaba que el Aurich había tenido una buena época, en la que muchos hinchas chiclayanos iban en caravana a verlo donde fuera, o al menos pasaban alguna tarde pegados al radio para seguir su accionar. Tengo un tío que, llevado por esa afición, casi se mata durante el terrible accidente del año 1953 –un tren arrolló el autobús donde viajaba el equipo y los hinchas que venían de un encuentro en Trujillo-en el que fallecieron 8 jugadores del equipo (recuerdo haber visto en el cementerio de Chiclayo algunas de sus lápidas). A mi tío lo dieron por muerto un par de días hasta que lo encontraron en un hospital de Trujillo todo maltrecho y asustado.

Eran las épocas de los duelos norteños con el Grau de Piura o el Manucci de Trujillo, de las malogradas de partido a los equipos grandes, de los golazos de media distancia gracias al eterno viento de Chiclayo que ayudaba al balón y a despistar a los porteros visitantes (no era por nada que algún espabilado apodó al equipo como “El Ciclón del Norte”).

Pero si a alguien tengo en mente cuando hablo del Juan Aurich, es a mi tío Meche. Todos los domingos que tocaba jugar en el Elías Aguirre, mi tío José Mercedes venía a casa a comer y se iba luego al estadio a ver a su Auriche (él lo llamaba así). Antes de las 6 lo veíamos regresar, renegando o feliz, según había sido el resultado. Aunque yo no era muy de seguir al fútbol en esa época, algunas veces lo acompañé y por supuesto que me sentí identificado con el equipo rojo de mi ciudad. Mi tío, además, fue el primer hincha del Sporting Cristal que conocí (como mucha gente de provincias, era hincha del club local y uno de Lima) y cuando años después, me declaré hincha cervecero a muerte, él fue uno de los más contentos por mi decisión. Cuando ambos equipos jugaban, mi tío era completamente neutral. Ganara quien ganara, él estaba contento. Si era un empate, mejor que mejor.

El Juan Aurich, como club, llegó a la cúspide de su trayectoria en el año 1969, cuando quedó subcampeón nacional (el campeón fue Sporting Cristal) y llegó a la Libertadores con el título de ser el primer equipo de provincias que lo había conseguido hasta el momento. Nos tocó jugar con Santiago Wanderers y Universidad Católica de Chile y al terminar la primera fase, todos los equipos quedaron empatados en puntos, lo que motivó una especie de repesca para decidir a los 2 equipos clasificados. Y por supuesto, para no traicionar nuestras más arraigadas costumbres, eliminaron a los dos equipos peruanos.

En el 2010, después de 41 años, el Juan Aurich –ahora convertido en el equipo peruano que más dinero invierte, gracias al grupo Oviedo- vuelve a jugar la Libertadores y enfrentará a Estudiantes Tecos de México en partidos de ida y vuelta para ingresar al grupo 3. Mi tío Meche murió hace dos años y no podrá verlo. Me imagino que no habría dormido de la emoción y el fútbol habría sido su único tema de conversación durante mucho tiempo. Mi padre sí lo verá, o ya no estoy seguro: leí por ahí que el estadio tenía una deuda que pagar a la FPF (en realidad, es el equipo de Sullana, el Alianza Atlético, que jugó ahí la Copa Sudamericana) y si no lo hacía, no se podría jugar en el Elías Aguirre. Otra vez la FPF con sus brillantes decisiones.

Tengo una anécdota buenísima con el Aurich. Yo estaba en segundo de Secundaria, o sea que tendría unos 13 años. No recuerdo la fecha, aunque deduzco que sería un miércoles por la tarde, que es cuando se programan los partidos entre semana.

La cosa era que el Aurich jugaba un partido importante ese día contra el Unión Huaral. En esa época, mi gran amigo Volkan tenía un reloj con radio (se escuchaba con un audífono) que era la novedad y decidimos -los que nos sentábamos cerca de él- que vaya escuchando el partido y nos fuera avisando –ahora le diríamos online- de lo que pasaba en el terreno de juego. Para que no lo pillaran, el pondría su maleta sobre la carpeta y levantaría la tapa, haciendo como que buscaba algo y el audífono lo ocultaría en la manga de la chompa. Tendríamos clase de Lenguaje y el profesor –como muchos- nos dejaría alguna tarea por desarrollar al inicio y luego nos pasaríamos 2 horas desarrollándola hasta que sonara el timbre mientras él pelaría la pava (las tardes calurosas de Chiclayo no dan ganas de trabajar mucho). Tendríamos éxito. No era un gran plan, pero algo es algo. Todo sea por seguir al Aurich.

Pues ahí estábamos esa tarde, con mi amigo dejándose el oído en el intento y nosotros atentos a sus partes informativos cada 5 minutos. Como nos sentábamos en la última fila, era relativamente fácil disimular. Todo iba bien, salvo que los goles del Aurich no llegaban. Cada cierto tiempo, alguien susurraba: “¿Cómo va?” pero nada. El Ciclón no soplaba esa tarde. Hasta que de repente, se hizo la luz: un tiro libre –lo lanzaría Echeandía o Jáuregui, que eran los especialistas- ponía en ventaja al Auriche.

Lo malo fue la forma cómo nos enteramos:

-¡¡¡Gooooool!!!!!!! resonó la voz de Volkan en el aula.

La ansiedad porque el Aurich marcara le había hecho olvidar a mi amigo dónde estaba. Un segundo de estupor estudiantil dio paso a la carcajada y algarabía de mis compañeros que no estaban al tanto de nuestro plan (al resto, sólo se nos heló la sangre).

Se montó la de Dios es Cristo. El profesor casi se cae de la silla en la que estaba dormitando, hizo callar a todos y la atención se centró expectante en la última fila. Mi colega cerró su maleta y con el profesor ya casi delante de él, decidió mantener la sangre fría:

-¡Dame la radio!
-¿Qué radio?
-La que tienes ahí. ¡Abre tu maleta!

El profesor claro, buscaba la típica radio a transistores de la época, ajeno aún a las nuevas tecnologías. Y claro, no encontraba nada. Revisó la carpeta, los costados, y nada. Se llevó la maleta a su pupitre y la revisó a conciencia. Nada. Su desconcierto era mayúsculo y absoluto. Nosotros atrás, nos mordíamos los labios para no reír:

-¿Dónde está la radio?
-No hay ninguna radio

Volkan se comportaba como un testigo entrenado. Respondía con un si ó un no sin entrar en los detalles. El profesor pensó, revisó, salió del aula, volvió a entrar. Hasta que hizo las preguntas clave:

-¿Estabas escuchando fútbol?
-Si (Volkan siempre decía la verdad, la cosa era hacerle la pregunta correcta)
-¿Cómo?
-Con mi reloj (Plop!)

Bingo. El profesor le pidió más detalles mientras todos lamentábamos la inocente honestidad de mi amigo. Volkan se lo enseñó y le explicó su funcionamiento a conciencia, e incluso el profesor se puso hasta el audífono para comprobar que el relojito de marras era realmente un radio. Por lo visto le había causado gracia y quizás tendríamos suerte esta vez; pero nos bajaron de la nube rápidamente: sin perder la sonrisa –y la vista del reloj- y tal y como mandaban los cánones pedagógicos, echó a mi amigo de la clase rumbo a los peligrosos pasillos de mi colegio, donde a esas horas campeaba a sus anchas el Director –ningún alumno podía estar en el pasillo en las horas de clase- quien le podría aplicar sus propios y particulares castigos.

Luego, ante nuestra atónita mirada, y como todo chiclayano que se respete, se sentó a escuchar lo que quedaba del partido del Aurich hasta el final de la clase.

Y ni siquiera nos dijo como quedó el partido.

viernes 20 de noviembre de 2009

El recontraespionaje: Perú y Chile

Sun Tzu, autor del famosísimo y extraordinario libro “El Arte de la Guerra” dedica un apartado para hablar de los espías. Aquí unas frases interesantes:

La información previa no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus…debe obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del adversario.

Siempre que vayas a atacar y a combatir, debes conocer primero los talentos de los servidores del enemigo, y así puedes enfrentarte a ellos..

Así, sólo un gobernante brillante o un general sabio…puede estar seguro de la victoria. El espionaje es esencial…y los ejércitos dependen de él para llevar a cabo sus acciones.

No será ventajoso…actuar sin conocer la situación del enemigo, y conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje

Nada mejor para alegrar las aburridas relaciones entre Perú y Chile que una historia de espías. Han pillado a un suboficial que ha estado vendiendo información confidencial al gobierno chileno y esto ha provocado un terremoto político importante, aunque no debería serlo tanto.

¿Por qué no debería ser un escándalo? Pues porque todo el mundo espía. Así de simple. El trabajo de espionaje existe desde tiempos inmemoriales, y es una práctica habitual en tiempos de guerra y de paz.
¿O acaso realmente podemos decir que el Perú no ha espiado nunca a nadie?
¿Existe algún gobierno en el mundo que pueda decir “Yo no espío ni espiaré…nunca jamás”?

Parece que el gobierno de Alan sí puede decirlo. Devorado por la impaciencia de elevar su popularidad, ha dicho que “sólo el que se siente débil vive espiando”. No pues. Si eso fuera cierto, Rusia y USA serían los países más débiles y acomplejados del planeta. Espía el que puede y tiene dinero para pagar a los espías. La culpa no es del que espía, es del que se deja espiar.

Alan –que no tiene un pelo de tonto- sabe que tiene que sacar el balón rápido porque le quema. Ha hecho declaraciones altisonantes apuntando directamente a la cabeza del gobierno chileno antes que el país se pregunte porqué fue tan fácil espiarnos. Esto es como alguien que deja las ventanas abiertas de su casa y se va de viaje. ¿Es culpa de los ladrones haberse metido y desvalijado la casa o del dueño que no se tomó las molestias de cerrar todas las posibles entradas?

Encima de todo, no es la primera vez que pillan a un espía en el ejército peruano. Montesinos lo fue en su día (espió para la CIA y Velazco Alvarado no llamó republiqueta o con un nombre similar a los Estados Unidos), y creo recordar que por los años 70s, fusilaron a otro por el mismo delito. Mucho desfile, mucho patriotismo y cero seguridad.

Alan y el ejército, pillados en su ineficiencia, ahora se rasgan las vestiduras para parecer víctimas y ganar réditos políticos. Y conociendo al susodicho, lo conseguirá. Nada mejor para subir la popularidad que un enemigo común, que una afrenta grave, que ser víctimas de algo. Pero como dije antes, se corre el riesgo que mañana descubran a un espía peruano en otro país y quede como un mentiroso (pensándolo bien, Alan tampoco perdería mucho).

Usos de la guerra son vencer y ser vencidos dijo Atahualpa. Parafraseándolo, podríamos decir: Usos de la paz son espiar y ser espiados.
Como decimos en Perú: Caballero, nomás.

Ojalá así fueran todos los espías. El gran Maxwell Smart:

jueves 5 de noviembre de 2009

Brenda Mau y el Perú

Operación Triunfo es un reality cazatalentos (musicales) que existe en España desde el año 2001, creo. Originalmente, empezó en RTVE y luego lo compró Telecinco.
La idea de partida era buena: Seleccionar jóvenes con talento para cantar y “convertirlos” en “estrellas” o como fácilmente se dice, en “artistas” (aunque la práctica nos dice que eso no es tan fácil como parece) de acuerdo con un jurado y los votos del público. La primera edición es la que de lejos, fue la mejor en cuanto a rating y resultados se refiere: David Bisbal, Chenoa, Bustamante y Rosa (la que ganó finalmente).
Realmente, y visto lo visto, hay un antes y después de la primera edición de OT. La gente aún recuerda a los concursantes de esta primera edición y pocos se acuerdan de las restantes ediciones. Muchos de sus participantes de estos años volvieron a sus vidas de siempre, otros hicieron un esfuerzo por hacer carrera musical, otros se convirtieron en famosillos que vemos de vez en cuando en un plató de TV y otros (muy pocos realmente), renegaron de OT y se pusieron a trabajar con su propio talento (Mai Meneses, la vocalista de Nena Daconte es el mejor ejemplo de ello).
Para mí, sinceramente, es un buen concurso de Karaoke con coreografía. Eso no le quita méritos, ojo. Confieso que a lo largo de estos años, me he sentado a cenar viendo OT y he disfrutado viendo buenas actuaciones, reído con las malas (que son las que más abundan) y también recuerdo haber comprobado que no siempre gana el que mejor canta.
En fin. Este año, viendo de reojo OT, creí oír un acento distinto en una concursante. Me pareció un acento peruano, pero no estaba seguro. Busqué por Internet y sí, había una concursante peruana y por lo visto, no lo hacía mal. Como no veía el programa completo, a veces me perdía sus actuaciones y lo único que sabía, era que no la descalificaban. Finalmente un día, gracias a que no falló la TDT –va fatal en la zona de Valencia donde vivo- pude ver más o menos a todos los concursantes y me dí cuenta que Brenda Mau, la chica peruana que vino a España de 8 años, era claramente superior al resto. La verdad, es que de lejos, era la mejor y no lo digo porque era peruana. Tiene una voz muy bonita y la sabe usar muy bien. Mi curiosidad era saber hasta dónde iba a llegar. Personalmente pensaba que no muy lejos, teniendo en cuenta que los votos de la gente son los que deciden y que Brenda no tenía a un pueblo natal detrás de ella para apoyarla como el resto de los concursantes.
Para mi sorpresa, llegó a la final. Y no creo que por votos peruanos precisamente. La verdad es que era la que mejor cantaba. Incluso el presentador del programa, Jesús Vásquez –creo que el mejor presentador de TV que he visto- afirmó que Brenda era su favorita.
Fue entonces, que el nombre de Brenda empezó a aparecer en los diarios peruanos y con ello, empezó la fama, el patrioterismo y todo lo que ello conlleva. La cosa empezó a desmadrarse aún más cuando uno de los personajes de la telebasura y la prensa rosa española, el italiano Alessandro Lequio, dijo que Brenda parecía una chacha (empleada del hogar).
Para quienes conocemos el modus operandi de la telebasura, sabemos que este tipo de opiniones provocadoras están hechas con un solo fin: ganar audiencia. Un programa del corazón suelta una noticia o comentario polémico como éste (no importa a quien pueda dañar) y luego tiene para 2 meses de programas relacionados, con todo el mundo opinando a favor o en contra y por supuesto, con la audiencia subiendo como la espuma. Claro que esto no lo saben en Perú y le dieron una importancia bárbara a este personajillo, un impresentable como la inmensa mayoría que se dedica a este rentable negocio y obviamente, fue como echar gasolina a una hoguera. Por varios días salió a tratar de reafirmarse en sus opiniones y la productora del programa buscaba a los familiares de Brenda para que fueran al programa y “debatieran” sobre esto. Felizmente, la madre de Brenda no pisó el palito –como a todos los que van a estos programas, le ofrecieron una suculenta cantidad de dinero- y finalmente, la producción de OT tuvo que intervenir para apagar este incendio.
En la final, para sorpresa de todos, no ganó Brenda. Como buena peruana, en el partido decisivo, le ganaron y en el último minuto. Pero eso no desmerece lo bien que lo hizo y lo bien que la trataron. Inmediatamente el conocido patrioterismo peruano empezó a propagar que había perdido porque en España una peruana no podía ganar un concurso tan prestigioso; situación ridícula a todas luces teniendo en cuenta, como dije antes, que OT es un concurso que sigue yendo a menos y que la realidad lo demostró a las pocas semanas después de la final, cuando se canceló su gira de conciertos de verano, simplemente porque no vendían entradas. Así que no nos rasguemos las vestiduras.
Espero que Brenda haya aprovechado todos los consejos y técnicas de la autodenominada Academia –algo es algo-. Quizás con el tiempo, pueda aprovechar esa gran voz que tiene y ojalá, que no termine como tantos triunfitos. Ojalá que ella si pueda triunfar.

He encontrado su actuación en la final. Y sigo pensando que fue la mejor:

lunes 21 de septiembre de 2009

Tengo el corazón contento

He podido seguir estos días, gracias a El Comercio principalmente –cosa que no sé si deba preocuparles-, el encuentro (o desencuentro, como se prefiera) de Magaly Medina y el programa español de la prensa rosa, Tal Cual, de Antena 3.

Cualquier peruano creo que sabe quién es Magaly. Pero creo que pocos peruanos saben lo que es un programa del corazón en España (empezando por la susodicha Magaly).

Prácticamente, no hay canal de televisión en España que no se precie de tener un programa del corazón o un sucedáneo. Incluso canales regionales, que tienen una audiencia ínfima, montan sus propios programas sobre este tema y se dedican a comentar lo que les sucede a los “famosos”; aunque esto sólo signifique salir al aire para leer literalmente lo que dicen las revistas del corazón esa semana.

Es que, hablar del famoseo en España es una cosa muy seria (me refiero a la cantidad, no la calidad). Ser famoso es toda una profesión, es formar parte de un mundo aparte. Todo famoso que se precie de serlo, cobra siempre por una entrevista, por ir a una fiesta o por unas fotos. Y cobra muy bien, pues vive de ello, generalmente. En una sola entrevista para la televisión, por ejemplo, un famoso de gama media, puede cobrar unos 15.000 €. Por el mismo hecho de ser una profesión, los famosos “trabajan” para que su fama no decaiga, apareciendo en sitios y/o momentos claves –con personajes claves, también- lo que luego les permite sacar tajada en sus exclusivas.

Hasta ahí una breve y sana descripción de esta profesión. O por lo menos lo que era hace años, reducida a aparecer en revistas especializadas en el tema, como la famosa “Hola” por mencionar la publicación más “elegante” del medio.

Pero, no sé en qué momento, todo se desbocó. Los famosos dejaron de ser los típicos cantantes, actores, toreros o folclóricas. Primero aparecieron los denominados “ex” de alguien. Rápidamente, esta gente pasó a engrosar –y de qué modo- las listas de invitados a los programas del corazón. Ellos también podían contar “secretos” de su pasada relación con el famoso a cambio de dinero. Luego, aparecieron los parientes de las “ex” (parece chiste, pero es verdad) para demostrar que había mucho sitio libre en el reino del famoseo: madres, tíos, primos, hermanos o cualquiera que demostrara un vínculo –actual o pasado- con un ex de un famoso (aunque a éste no lo haya visto desde su primera comunión) empezaron a “aportar” públicamente el conocimiento íntimo del famoso inicial.

Al final de cuentas, como decía Warhol, todos tenemos derecho a 15 minutos de fama. Algunos, a 15 minutos de dinero fácil.

Si los “nuevos” famosos podían caer bajísimo para conseguir dinero –es que ni siquiera contaban hechos, muchas veces sólo suposiciones-, los periodistas del medio no se quedaban atrás para rentabilizar su inversión. Se multiplicaron los programas del corazón en la televisión –había que dar abasto a tanta gente- y gracias a que había dinero de por medio, los “periodistas” llegaron a la conclusión que tenían derecho a todo en relación a los famosos: persecuciones, montajes, falsos testimonios, fotos sin permiso, etc. Todo valía con tal de conseguir audiencia, que como todo, se acostumbró rápidamente a estos excesos y pedía cada vez más “sangre”. Y entremedias, mucho dinero: imaginemos por un momento, que aparece una mujer que dice que fue amante de un torero famoso. Un programa del corazón le paga 100.000€ por salir a contar todo lo que sabe (sea verdad o mentira, lo importante es conseguir audiencia). El torero le pone más tarde, una demanda por injurias. El juez le da la razón y castiga a la supuesta amante (que ya ha vendido tres exclusivas más como la primera) con 5.000€.

Negociazo por donde se le mire.

Magaly Medina se ha topado con un programa muy, pero muy light del corazón. Y con una copresentadora que puede ser considerada como “amable” dentro de este mundillo (yo nunca la había visto ni por asomo). Si realmente Magaly hubiera chocado con un peso pesado de la prensa del corazón, no habría durado ni un round. De nada le habría valido las risitas o quitarse el calzón. En serio. He visto enfrentamientos rosa espeluznantes, algo difícil de explicar. 5, 8 personas a grito pelado, diciéndose de todo, imposibles de controlar incluso por los presentadores del programa. Y es que Magaly en realidad, no es el equivalente peruano de estos programas. Ella es como una especie de vengadora chicha de la opinión pública peruana, que es envidiosa y rencorosa en grado sumo (el mejor enemigo de un peruano es otro peruano, dice el conocido axioma). ¿Qué la selección peruana no rinde? Ahí está Magaly descubriendo los secretos de los futbolistas. Que sufran, así como nos hacen sufrir. ¿Qué hay un cantante un poco sobrado? Ahí está Magaly descubriéndolo (ampayando, como se dice en Perú) con una amante desconocida. ¿Qué hay un actor que nos cae mal? Ahí está Magaly sacando sus trapitos sucios al aire. Magaly no paga a nadie para entrevistarlo, ella está para castigar, para bajarlos de la nube, para igualarlos con la mediocridad general imperante. Así somos.

Uno de los mejores programas de humor de la tv española, es precisamente un anti-programa del corazón: “Sé lo que hicisteis”. No dejan un programa del corazón con cabeza y para mi gustazo, se refirieron al enfrentamiento de Magaly. Por supuesto, y sin perder el toque de humor, fácilmente mostraron las contradicciones del programa “Tal Cual”. Y es que la gente olvida, que estos programas no hay que tomarlos en serio. Puede ser perjudicial para la salud (mental):

lunes 17 de agosto de 2009

Cancha como ídem

El otro día hicimos un ceviche en casa y para que se pareciera un poco al original, compré una bolsa de maíz frito -cancha en peruano- en Consum -aunque comunmente compro en Mercadona- para usarlo de acompañamiento en el plato.
Me pareció realmente bueno, muy similar a uno peruano. Y resulta que lo era. Ya había visto antes productos peruanos por aquí (espárragos, mangos) pero no sabía que también había mercado para la cancha (aquí se les conoce como kikos).
Estoy de vuelta, después de un H1 realmente duro en el trabajo, que no dejó tiempo para nada. Para reactivar este blog, un post sencillo y pequeñito como éste.

jueves 16 de abril de 2009

Conducir en España

O manejar, como se prefiera.

Acabo de leer una noticia muy interesante:

http://www.elcomercio.com.pe/noticia/252022/caos-transito-vehicular-nos-cuesta-mil-millones-dolares

La Asociación Peruana de Empresas de Seguros, Asociación de Representantes Automotrices del Perú, Universidad de Lima, Jockey Plaza, Telefónica y Toyota se han unido en busca de soluciones para el problema del tránsito en el Perú y han presentado el estudio técnico “Antídotos para la congestión y la inseguridad en el tránsito”.

Le he echado un vistazo y en resumen, plantean la creación de un ente regulador –especializado- del tránsito en el Perú, que lo supervise, regule y sobre todo, normalice, de forma específica y directa; además de corregir tantas y tantas situaciones alucinantes que se aprecian en el Perú en cuanto al tránsito se refiere.

O sea, en el Perú tendríamos que crear de arranque, lo que en España se denomina Dirección General de Tráfico (D.G.T). Nada más ni nada menos. O dicho de otra forma, lo que es algo común en tantos países.

Y no hablo del dinero que nos ahorraríamos.

Porque la verdad, siempre he pensado que conducir autos en el Perú –y sobre todo en Lima-, es una simple -y dura- experiencia de supervivencia. Como si te abandonaran a tu suerte en la selva del Amazonas con un cuchillo mal afilado. Si pestañeas, mueres. En las calles de Lima –y del Perú en general- impera la ley del más fuerte, del más vivo, del más egoísta. Uno siempre es el primero, el resto que espere nomás.

Las combis asesinas, los taxis piratas, los huecos, los atascos, etc. son consecuencia de una falta de previsión en materia de transporte de nuestros gobernantes y por supuesto, de la falta de dinero para implantar las soluciones adecuadas. La población creció y con ello, el caos vehicular en medio de una infraestructura pensada para una población de 30 años atrás. Y cuando aparece el caos, aparece obviamente, la ley de la selva.

Antes de seguir, quiero contar que manejo desde los 15 años aproximadamente. Nunca he chocado con nadie, y felizmente tampoco me han chocado. Tampoco he causado daño a nadie con mi forma de conducir. Me considero un buen piloto, y con buena suerte además. Y eso ya es decir mucho.

Al llegar a España, lo primero que a uno le impacta, es ver un parque automotor muy nuevo, de pocos años de vida. Uno ve pasar coches del año a cada rato y de cada marca, que se le hace a uno agua la boca. Marcas como Audi, Mercedes, BMW, Jaguar, son muy fáciles de encontrar. Ferraris, Lamborginis, Porsche, aparecen también de vez en cuando, para alegría de la vista. No nos podemos quejar en lo absoluto en ese sentido.

Las carreteras, autovías y autopistas españolas son, salvo contadas excepciones, un dechado de calidad y orden. Muy bien diseñadas, señalizadas convenientemente y con un mantenimiento continuo –que evita que te la pegues con un hueco asesino de amortiguadores y muelles- te permite relajarte cuando conduces y se puede disfrutar del viaje. Y no hablo de la velocidad con la que puedes llegar en determinados momentos. Si bien el límite máximo es de 120 Km/h, la gente sabe cuándo pisar el acelerador sin temer a encontrarse con un guardia civil – que son quienes controlan el tráfico en las carreteras- o con un radar inoportuno que luego te envíe a casa una foto tuya y de la velocidad a la que ibas cuando ibas de viaje de vacaciones anexada a una graciosa multa. Digamos que había una cierta tolerancia por todas las partes. Hablo en pasado porque esto existía hasta antes del 2007, que fue cuando se implantó el carnet por puntos, que mandó todo al traste. Este invento italiano, consigue que levantes el pie del acelerador para conservar tus puntos y que no termines en la cárcel llegado el caso. Ahora, por lo tanto, conducir es una experiencia menos divertida que antes. Y hablo de forma particular y obviamente sesgada. Después de 2 años de implantarse este sistema, el número de víctimas se ha reducido de forma ostensible, con lo que su éxito es completo. Así que me fastidio y sigo nomás.

En fin. Cuando llegué, como decía, estuve un buen tiempo usando el transporte público hasta que decidí adquirir un coche, aprovechando las facilidades que me ofrecía la compañía donde laboraba. Estoy hablando del renting, o también denominado “coches de empresa”. Mi problema no era adquirirlo. Mi dolor de cabeza era conseguir el carnet de conducir español.

El carnet de conducir en España, se obtiene de una sola forma: asistiendo a un curso de conducción teórico y práctico en una autoescuela. No existe la posibilidad de ir por libre, como recuerdo que obtuve el brevete en Perú. O pasas por la autoescuela, o no tienes carnet.

Tengo que decir, que las autoescuelas resultaron un muro infranqueable para mí. Me recorrí muchas, planteando mi situación: No quería pasar por todo el curso –y pagar en promedio unos 1.000€ por ello, que se dice pronto y es una barbaridad- si ya sabía conducir; necesitaba un curso de actualización más rápido –y por ende, más barato- y que me permitiera dar el examen sin problemas. Pero todos mis intentos eran vanos. Las autoescuelas vieron el filón de los extranjeros como yo y no daban su brazo a torcer. Para ellas, yo tenía que asistir a todas las clases aunque pilotara en F1. Y pagarles, claro.

Y bueno, a esas alturas yo ya tenía mi coche y conducía por toda España con un carnet internacional que saqué en el Perú antes de venir. Me aferraba a éste como un chofer de camión a una estampita de Sarita Colonia a la espera de encontrar una solución definitiva al problema que tenía entre manos y con el riesgo de que algún día me pare la guardia civil y no estén enterados de la existencia del Touring y automóvil club del Perú (a mucha honra). Tengo que reconocer, que tuve que quitarme la innata agresividad en el conducir, típica de los que conducen en Perú. Aquí no hace falta. En general, la gente conduce muy bien y poco a poco uno se da cuenta que no hay necesidad de tanta tensión al volante. Al cabo de un tiempo, me adapté y sin problemas.

Hasta que se me acabó la suerte, al cabo de un tiempo. Iba yo conduciendo tranquilamente por una autovía a unos 180 km/h (vale, la culpa es toda mía) cuando me pilló la Guardia Civil con un coche camuflado, que no es otra cosa que un coche que va por la autovía con un radar y una cámara de fotos pillando a todos los que superan la velocidad límite permitida (120 Km/h en mi caso). Me hicieron señas, me tuve que detener y entregarles la documentación. Yo por supuesto, hice uso de mi estampita milagrosa que guardaba para estos momentos difíciles.

Por supuesto que no coló. Me dijeron que no podía conducir con esa documentación pero que me lo podían perdonar, ya que al parecer era bastante común (estos sudamericanos..). Pero lo que no admitía discusión era lo de conducir a esa velocidad. Y por favor, nos firma la multa de 300€ correspondiente y llame a alguien que lo venga a recoger porque no puede ir por ahí sin carnet de conducir español.

Toma multa.

Así pues, me escoltaron a un restaurante de carretera y llamé a mi novia para que viniera a recogerme –estaría a unos 150 Km de donde estaba-. Los guardias me pidieron disculpas si me estaban impidiendo llegar a alguna cita importante y estuvimos charlando de cosas intrascendentes por varios minutos. Me habían contado muchas historias de la Guardia Civil pero la verdad es que los que me pararon ese día, cumplieron su trabajo y no se ensañaron conmigo. Fueron muy correctos y amables y yo lo fui con ellos.

Por supuesto, no me vendieron ninguna rifa ni les invité algo para almorzar. ;)

Al poco tiempo de este incidente, un amigo peruano me llamó por teléfono para decirme que habían sacado una normativa de canje para los brevetes peruanos. No me lo creía. Fui al ministerio de transportes y si, ¡¡era verdad!! Había un comunicado pegado en una pared para todos los residentes peruanos que lo confirmaba. Así que en menos de lo que canta un gallo, ya tenía mi carnet de conducir español, el cual no me produjo una grata impresión en ese momento, ya que era un simple carton rosado con la foto pegada al estilo tradicional que me recordaba mucho a la boleta militar de mi época. Ahora ya la dan en formato digital, y en mi caso, me la darán cuando renueve el consabido cartón rosado que ahora tengo.

Ojalá y el gobierno peruano decida hacer caso de las sugerencias de este informe y empiece a resolver este problema que parece ya eterno y sin solución pero NO lo es. Esta locura llamada tránsito peruano, se puede curar.En serio.

La caricatura, es formidable y es del genial Molina